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Seis extrañas costumbres sexuales que tienen su origen en Japón

Algunas culturas antiguas tenían una concepción diferente del sexo
Varios estudiantes observan una 'cheerleader' bailando. | Kim Kyung-Hoon

 

Hay infinidad de fetiches sexuales, la mayoría de ellos aceptables siempre que preserven la integridad física y psicológica de la otra persona. Aunque algunas sociedades tratan ciertos fetiches y orientaciones sexuales como una perversión, lo cierto es que el sexo entendido como una necesidad puramente biológica es reciente. En la antigua Grecia, por ejemplo, los individuos eran libres de realizar prácticas sexuales independientemente de su orientación sexual, sin clasificar a las personas con términos como homosexual o bisexual. En Japón la concepción del sexo también ha cambiado con los años, ya que como señala Jennifer Roberston en ‘The Conversation': «muchos samuráis tenían una esposa para procrear y firmar alianzas políticas, disfrutaban de muchas relaciones con hombres más jóvenes». A finales del siglo XIX la situación cambió, pero las tradiciones culturales japonesas dieron lugar a tendencias como éstas que aparecen en ‘El Confidencial':

Shunga: El precedente de la pornografía, imágenes eróticas pintadas en madera cuyo significado quiere decir «primavera», un eufemismo de «sexo». Normalmente se exageraba el tamaño de los genitales.

 

— Futanari: Mujeres con atributos de hombre y mujer al mismo tiempo, casi como un sinónimo de «transexual», aunque tiene connotaciones culturales.

— Meganekko: Palabra que significa «gafas». Un fetiche que puede ser interpretado como signo de vulnerabilidad pero también de inteligencia. Su variante masculina es el ‘megane'.

 

— Yuri: Entendido como una historia de amor lésbico entre dos mujeres, con un fuerte componente emocional.  Normalmente se trata de un relato idealizado para el hombre que poco tiene que ver con la realidad.

 

— Enjo Kosai: Popularizado durante los últimos años, consiste en un programa de citas asistido que engloba varios servicios sexuales. Algunos estudios sobre prostitución señalan que esta práctica tiene su origen en la pasión de las jóvenes por las lujosas marcas de moda, que pueden comprar saliendo con hombres mayores.

 

— Porno para ellas: La mayoría del porno, y más en occidente, está orientado al hombre, con una figura femenina sumisa y una concepción muy dominante del hombre. El porno para mujeres está más desarrollado en el país nipón.