Ana Julia Quezada refleja un lado arrepentido y otro victimista en las cartas que mandó a Ana Rosa Quintana

El envío parece una estrategia para lavar su imagen y beneficiar su defensa en el proceso judicial

 

Ana Julia Quezada, asesina del pequeño Gabriel
Las dos caras de Ana Julia Quezada en su carta a Ana Rosa | Antena 3

 

El sobre recibido por Ana Rosa Quintana del puño y letra de Ana Julia Quezada levanta más incógnitas de las que puede resolver. ‘El programa de Ana Rosa’ determinó que los dos folios recibidos son, en realidad, dos cartas diferentes, que muestran las dos caras de la asesina confesa de Gabriel Cruz.

 

En la primera hoja, muestra un lado sereno, argumentando y estructurando el contenido. Siembre dudas acerca de lo sucedido, justificando que fue un accidente. «Yo no quería», «me bloqueé por el miedo» o «si tengo que cumplir una condena muy larga, la cumpliré», son algunas frases que comprueban lo observado.

 

Sin embargo, el segundo folio evidencia un rostro diferente. En éste, donde refleja su enfado por la quema de la muñeca que la representaba en Coripe, Sevilla, comparando a los agresores de la caricatura con ella: «Son más monstruos que yo».

 

Movimiento contra la Intolerancia ha denunciado el linchamiento de un muñeco de Ana Julia Quezada
Imagen de la muñeca quemada en Coripe | Redes Sociales

 


La defensa de Ana Julia Quezada

La emisión de las cartas de Ana Julia Quezada a ‘El programa de Ana Rosa’ parece una estrategia clara a incrementar su defensa y a mejorar su imagen. En ellas, la asesina confesa de Gabriel Cruz busca victimizarse, intentando ser considerada un blanco de las iras de la mediatización televisiva.

 

Además, demuestra haber medido hasta el último detalle del contenido que incluía en los textos. Llega a reconocer que «no puedo hablar mucho, por el secreto de sumario», lo que hace pensar que el texto fue revisado, previamente a ser enviado al programa de Telecinco.


Un accidente en defensa propia

La declaración judicial de Ana Julia Quezada parecía claramente destinada a reducir al mínimo su condena. La investigada por la muerte de Gabriel Cruz aseguró que el niño la atacó previamente, hecho que podría obligar al juez a sentenciarla por defensa propia.

 

Además, la asesina confesa del pequeño reconoció haber matado al menor, con un golpe accidental. De este modo, solamente podría ser acusada por homicidio y no por asesinato. Finalmente, su argumento de tener el conflicto con el niño mientras pintaba la casa, descartaría los indicios de premeditación.



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