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Ana Julia relató sus últimos momentos con Gabriel explicando que el pequeño «era» muy responsable, pero rectificó diciendo «es»

La detenida llevó a cabo el pasado 3 de marzo una entrevista para Radio Galega
Imagen de archivo de Ana Luisa Quezada. | Gtres

 

Ana Julia Quezada, detenida por el asesinato de Gabriel Cruz, llevó a cabo el pasado 3 de marzo una entrevista para Radio Galega, cuando el menor todavía llevaba poco tiempo desaparecido. Durante sus declaraciones, la mujer se contradijo, habló de una recompensa que resultó ser falsa y aseguró que trataba a Gabriel «como si fuera su hijo».

 

En un primer instante, durante la entrevista, la periodista le pregunta sobre quién fue la última persona que vio al pequeño y Ana Julia responde: «Su abuela y yo. Salió, abrió la verja, y se fue a la derecha, a la izquierda que es donde está el pueblo, porque la abuela lo vio que iba con su cabecita por ahí andando».

 

 

Seguidamente, la misma periodista le pregunta si piensa que alguien se lo ha podido llevar y al responder comete un primer error de forma inconsciente: «Como te decía antes, Gabriel se marchaba con sus amigos, y venía y decía: Ana, dame una manzana. Así que era un niño muy responsable, es, es un niño muy responsable».

Se inventó una recompensa por pistas sobre el paradero de Gabriel

Tras cometer este primer error, Ana Julia Quezada aseguró en Radio Galega que había «una recompensa de 10.000 euros por pistas fiables sobre Gabriel», un hecho que era totalmente falso.

 

Además, afirmó que recibieron «muchísimas llamas de gente que se aprovecha del dolor de los demás», como por ejemplo, personas que te dicen: «lo tengo aquí, dame dinero».

 

Se emocionó hablando del pequeño, puesto que «es como si fuera mi hijo, igual»

Cabe señalar que Ana Julia Quezada entró realmente emocionada en la entrevista para Radio Galega. La mujer incluso lloró y pidió ayuda: «No sabemos quién lo tiene, qué le estarán haciendo, si estará comiendo, si estará bebiendo, cómo estará mi niño. No se merece lo que le está pasando».

Un victimismo y un dolor falso, que hizo sospechar, y mucho a la Benemérita que acabó incluyéndola como la principal sospechosa del caso, sin que ella tuviera conocimiento de todo lo que estaba pasando a su alrededor, puesto que las fuerzas de seguridad del estado pensaban que el niño todavía podría encontrarse vivo y prefirieron esperar, sin llamar la atención, para no provocar una situación todavía peor y más descontrolada por parte de la detenida.