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La Guardia Civil tendió una trampa a Ana Quezada después de vigilarla desde hacía días

El cuerpo de Gabriel fue hallado este domingo en el maletero de la pareja de su padre

 

Ana Julia Quezada, detenida por la desaparición y muerte de Gabriel Cruz.  | Facebook

 

Ana Julia Quezada, la pareja del padre de Gabriel, fue detenida este domingo después que la Guardia Civil hallara el cuerpo del pequeño en el maletero de su coche. Des del principio de la investigación que la Guardia Civil sospechaba del entorno más cercano de Gabriel, pues era improbable que un desconocido se hubiera llevado al niño en un lugar tan apartado y en un recorrido tan corto.

 

Las sospechas sobre Ana Julia empezaron a caer sobre ella en el momento en que la mujer encontró la camiseta interior de Gabriel a más de cuatro kilómetros del lugar de desaparición. A partir de ahí, los investigadores empezaron a controlar a Ana Julia, y decidieron tenderle una trampa para poder cazarla. Además unas imágenes de una cámara de seguridad en las que ella aparecía hicieron crecer í más las sospechas. 

La trampa

El pasado viernes 9 de marzo la policía volvió a interrogar a Ana Julia Quezada. Durante el interrogatorio la mujer se mostró fría, y los agentes decidieron lanzarle el cebo para ver si Ana picaba. Y así fue. Este domingo, con miedo a que la policía descubriera dónde estaba escondiendo al pequeño, después de dejar a su pareja y padre de Gabriel en un hotel, cogió su coche con intención de cambiar al niño de sitio.

 

Ana Julia Quezada tenía el cuerpo del niño escondido en un pozo, y la mañana de este domingo se disponía a esconderlo en otro pozo que la policía ya hubiera rastreado. La Guardia Civil, que vigilaba a la mujer a distancia, la sorprendió, rodearon el coche y le obligaron a abrir el maletero del vehículo. Allí encontraron a Gabriel, envuelto en una manta y sucio de barro.

 

Ángel, el padre de Gabriel, con su pareja Ana Julia Quezada.   | España Diario

 

 

«Yo no he sido»

En el momento que la policía encontró al niño en el maletero, algunos agentes hasta rompieron a llorar, pues hasta ese momento la idea de que Gabriel podía seguir con vida estaba sobre la mesa. Durante la detención, en la calle y a plena luz del día, la mujer gritaba «Yo no he sido. Gabriel te quiero» e intentaba explicar que alguien había puesto el cadáver en su coche, pero un agente hasta llegó a decirle «cállate».